Vamos a poner los dos números uno al lado del otro y no vamos a esconder ninguno.
Efectividad de la temporada: 9.72. Diecinueve presentaciones, 16.2 entradas, 26 hits, 11 boletos. Ese número es un desastre y no hay forma de escribirlo bonito.
Nueve punto setenta y dos. Eso no parece una efectividad. Parece un OPS de candidato al MVP.
Antes de que alguien lo recorte y lo suba solo: Díaz pasó cuatro meses y medio de la temporada en la lista de lesionados, en dos tandas separadas.
Septiembre, desde que volvió: tres salidas — el 18, el 19 y el martes contra San Diego. Tres entradas. Un hit. Cero carreras. Seis ponches.
Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo, y esa es exactamente la situación en la que están los Dodgers.
El año tiene dos agujeros enormes: del 19 de abril al 29 de julio, y del 17 de agosto al 18 de septiembre. Lo que hay en el medio es un tipo lanzando lesionado o lanzando oxidado, y a veces las dos cosas a la vez. El 9.72 no es la historia de un brazo que perdió la habilidad. Es la historia de un año partido en pedazos.
Y ahora, con cinco juegos por jugar, la pregunta no es cuál de los dos números es el real. La pregunta es cuál de los dos aparece en octubre, y nadie en el planeta lo sabe, incluido él.
El martes lo usaron una entrada. Ponchó a dos. Se fue. El mánager no dijo nada, y no tenía que decir nada.
Eso también es béisbol: una temporada entera de evidencia, y la única entrada que va a contar todavía no se ha lanzado.
